Mensaje de JAEC «Cuidar, acompañando la vida»

Estimadas familias, compartimos un mensaje emitido por la JAEC.

Mensaje de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica:
Cuidar, acompañando la vida

“He venido para que tengan vida y vida en abundancia”
Evangelio de Juan 10, 10

 

Los educadores estamos acostumbrados a generar acciones de cuidado y protección. Es la tarea natural que da sentido a la existencia misma de la vocación. Así, sabemos que la escuela es mucho más que el edificio donde se produce y se comparte el conocimiento y las experiencias.

La escuela es una estructura vital hecha con “paredes” de vínculos tan amorosos como simples, imperfectos, humanos y cercanos. Por eso en tiempos de múltiples desafíos, cuando hay que educar en nuevos hábitos a toda la sociedad, la escuela se convierte en un escenario imprescindible que reedita estrategias, principios pedagógicos, técnicos…y, sobre todo, humanos.

Hay que cuidar asumiendo la paciencia del proceso. Indicar lo que es bueno hoy, no significa que se entienda ahora y se incorpore de inmediato.

La palabra, con sangre no entra…desangra. La palabra hecha testimonio y servicio, invita, acompaña y convence. Hay que apostar con confianza al horizonte, no al paso inmediato que puede ser inseguro, imperfecto, dudoso o incluso equivocado.

Educar es darle al otro, razones para que entienda que nos importa. Por eso, en este tiempo de tanta preocupación social es bueno reeditar valores que eviten confusiones:

Somos corresponsables de valorar la vida, toda vida en todo momento de la vida. Cada uno es dueño de su vida, en el concierto de las demás vidas.

Confiar en las responsabilidades y posibilidades de los demás nos hace más educadores, aceptando incluso el desafío de la espera amorosa para el tiempo de cada uno.

La educación es una institución social que visibiliza valores y al vivirlos, los misiona.

Niños y jóvenes miran cómo los adultos resolvemos este tiempo, alentando con creatividad la esperanza, la alegría, el amor, la verdad y la justicia.

Que sea este un tiempo educativo de gracia, de construir nuevos modos con fidelidad a tradiciones de amor evangélico y amor a esta Patria como un regalo de Dios que nos invita a hacerla crecer mejor y más digna.

Es por eso que la muerte de Blas Correas, alumno de sexto año del Colegio Parroquial San José, es un acontecimiento muy doloroso que, como Iglesia y como comunidades de escuelas creyentes, tenemos profundamente que reflexionar y cuestionarnos.

Educamos en la vida y en la fe para aportar a la transformación de la sociedad, en un compromiso de cuidado continuo con la vida, con toda vida, con todas las vidas. Cuando es la vida de un joven la que queda violentamente truncada, ciertamente duele mucho más.

Nos pronunciamos en favor de la vida, en favor de los jóvenes, en favor de los más desprotegidos y vulnerables. Nos pronunciamos por todo lo bueno, por todo lo bello, por todo lo sano y por todo lo verdadero que tiene la dignidad humana.

En estos contextos de complejidad social, muchas veces nos envuelve el sufrimiento, la impotencia y la incomprensión. Sabemos que la violencia, la venganza y la injusticia, nunca son la solución posible.

Creemos en la fuerza de la vida más allá de la muerte y del sin sentido. Creemos que el consuelo es un don de esperanza. Creemos que el dolor de una familia que pierde a su hijo y el dolor de una escuela que pierde a su alumno son más que suficientes para que nos pronunciemos como colectivo educativo de escuelas católicas.

Sabemos también que, en circunstancias así, las palabras no son suficientes. Es por eso que las palabras se vuelven oración por Blas Correa, por Loriana Tissera, alumna de tercer año del Instituto Parroquial San Roque que fue muerta este año en un episodio de inseguridad y por la alumna de tercer año Eylín Jiménez Condoni de la Escuela Nuestra Señora del Trabajo, víctima de violencia familiar.

Los creyentes somos profetas que anuncian la vida y denuncian la injusticia y la violencia. Como educadores debemos comprometernos con la sociedad para que todas las instituciones sean formadas para custodiar la paz y el cuidado. Necesitamos palabras y gestos profundos y amorosos con el dolor ajeno. Hay silencios que no nos protegen. Es tiempo de contención, en medio de tanta desazón e incertidumbre.

Como creyentes, encontramos en Jesús un sentido para la vida y para la muerte, un sentido para la construcción del propio proyecto de vida y del proyecto de una sociedad más humana y más humanizada. El Evangelio es siempre una Buena Nueva, incluso cuando tenemos que asumir o comunicar malas noticias. Siempre hay una salida desde la fe. La vida busca siempre caminos de mayor plenitud de vida.

Como docentes, como padres y madres, como amigos y compañeros, como creyentes o no creyentes, todos somos hermanos y nos reconocemos como tales. Desde esa verdad, la educación católica se comprometa con otra sociedad posible.

La Iglesia está siempre peregrinando los caminos de la vida y de la fe. En ese andar, nos sentimos apoyados unos a otros, aunque -a veces- pareciera que estamos desorientados o perdemos el horizonte.

Sabemos que cada joven que muere fecunda, con su fuerza inspiradora, el sueño de muchos otros jóvenes.

Que la muerte de Blas y de Loriana, y las de muchos otros jóvenes víctimas de la violencia -ya sea que dichas muertes provengan de delincuentes o de aquellos que representan instituciones- nos posibilite un cambio real en la concientización social y en la transformación de actitudes, las cuales siempre comienzan desde lo profundo de cada corazón. Es por eso que nos comprometemos con la vida y con todas las vidas desde su comienzo hasta su declive natural. Abrazamos así solidariamente todas las escuelas creyentes a las escuelas que, en estas difíciles circunstancias, han perdido a sus alumnos.

 

Comisión Directiva de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica.
Córdoba, 7 de Agosto de 2020.

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Mensaje de la Junta Arquidiocesana de Educación Católica- Cuidar, acompañando la vida 2020

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